El pollo asado o el pollo al horno es uno de esos platos típicos y clásicos de cualquier cocina que reúnen a toda la familia en torno a la mesa y que gustan a todo el mundo. Un menú que nos asegura salir airosos de cualquier situación.

Pero ojo, aunque preparar un pollo asado parece muy fácil, lo cierto es que hay que cuidar esos pequeños detalles que hacen que la piel quede crujiente, que la pechuga quede jugosa y que la carne quede asada de forma uniforme y sabrosa. Te explicamos los errores que más solemos cometer y te contamos algunos trucos para cocinar el plato dominical por excelencia. ¡Conseguirás un plato riquísimo con el que conquistarás a todos tus comensales!

 

  1. Elige el pollo adecuado

Se debe empezar por elegir un pollo de un tamaño adecuado. Intenta escoger un pollo de tamaño mediano, de no más 2 de kilos. Si utilizas uno muy pequeño quedará seco y si utilizas uno muy grande quizás no se haga bien. Además, es recomendable comprar un pollo limpio y asarlo entero, sin trocear.

  1. Descongelarlo a temperatura ambiente

No vale con sacar el pollo de la nevera 5 minutos antes de cocinar. Hay que sacarlo de la nevera mínimo 3 horas antes. La transición de la temperatura será mucho más progresiva al cocinarlo y la carne nos quedará mucho más tierna. La mejor manera de descongelar la carne es introducirla en una bolsa de cocina sellada y sumergirla en agua fría que cambiaremos a medida que se vaya calentando. 

  1. Cocinar a una temperatura entre 180 y 200 grados

Las prisas en la cocina nunca son buenas. Poner el horno a la máxima potencia sólo conseguirá que la carne se quede seca. Se recomienda poner el pollo a 180 grados y dejar que se vaya cocinando a su ritmo. El tiempo de horneado del pollo varía dependiendo de su peso. Por cada kilo de pollo debes hornear unos 45 minutos. Si usas un pollo de 2 kilos, deberás hornearlo, por tanto, durante 90 minutos.

  1. Asarlo de manera uniforme

Un paso fundamental para que el pollo quede asado de manera uniforme es darle la vuelta cada 15 o 20 minutos. Además, la posición del pollo en la bandeja también es importante: el pollo hay que empezar asándolo con la pechuga hacia abajo, así el jugo del propio del pollo precipita hacia abajo y quedará mucho más tierno.

  1. El aderezo

Nada de esparcir un poco de sal por encima minutos antes de cocinar, al pollo antes de asarlo hay que sazonarlo como Dios manda. La sal tiene que penetrar bien en las carnes si queremos que quede sabroso y, por ello, se recomienda salpimentarlo un día antes. Un truco muy fácil para el que sólo se necesita un poco de previsión.

  1. Frumen al limón

No se fríe, se cocina al horno, es limpio, bajo en grasas, sano y está buenísimo. Espolvorea un poco de pan rallado Frumen al Limón para darle un toque de sabor y obtener una textura más crujiente. Si todavía quieres que tenga más sabor a limón, un consejo típico de abuelas es introducir medio limón en el interior del pollo para que lo hidrate y coja sabor.

  1. Mantequilla bajo la piel

Un truco muy extendido consiste en colocar un poco de mantequilla entre la piel del pollo y la carne, para que, cuando se meta al horno, ésta se derrita e impregne a la carne. Con esto se puede evitar que algunos trozos que son propensos a quedarse secos, como la pechuga, queden mucho más jugosos y tiernos.

  1. Hornear el pollo atado

Aunque puede resultar más estético, puesto que los muslos y las alas quedan pegadas al cuerpo, esta práctica impide que se cocinen correctamente algunas partes, como la cara interior de los muslos. ¡Mejor que lo prepares sin atar!

  1. La técnica del trinchado

Parece una tontería, pero cortarlo y servirlo mal después de todo el trabajo es un pecado. Hay que empezar cortando las pechugas. El siguiente paso es cortar por la parte de la espalda que ha quedado sujeta para separar el pollo en dos: pechuga y pata. Una vez se separa el hueso que une a estas dos partes, el pollo quedará separado en cuartos, que a su vez se pueden cortar por la mitad.

  1. Servir inmediatamente después de cocinarlo.

Es aconsejable dejar reposar el pollo 5-10 minutos antes de servir para que los jugos se mezclen y el pollo quede más tierno y jugoso.

¡Con estos consejos lograrás un pollo asado perfecto! Solo tienes que ponerlos en práctica y el éxito estará asegurado.